15 jun 2013

Estímulos supernormales, engaños y tetas gordas


Dentro de la ecología del comportamiento, uno de los temas que me llamó más la atención fue el de los estímulos supernormales. Sirven para demostrar la existencia de estímulos desencadenadores innatos (estímulos sumamente específicos que desencadenan una pauta de acción fija) y consisten en una exageración artificial de los mismos que consigue provocar respuestas más intensas y frecuentes.

Por ejemplo, las crías de gaviota arenquera en cuanto salen del cascarón se ponen a picotear en la punta del pico de sus padres pidiendo comida. Con estos golpecitos les hacen regurgitar la comida que cae al nido y a continuación los padres se la ponen a los polluelos en la garganta.

Hasta aquí tenemos un estímulo desencadenador innato (EDI) basado en la forma del pico, (cuanto más largo y fino mejor) y en una mancha roja que tiene en su extremo inferior. ¿Qué pasa si acercamos a las crías una cabeza disecada de gaviota y un palo largo y fino con una mancha roja en la punta? Es lógico pensar que el estímulo se desencadenará más intensamente con la cabeza disecada, más realista y prácticamente idéntica al estímulo real, pero no, las crías picotean con mucha más intensidad y frecuencia ante la visión del palito fino y largo con la mancha roja.

El cuco (que es muy cuco como todo el mundo sabe) se aprovecha del estímulo supernormal que supone el pico enormemente abierto de sus polluelos, para parasitar nidos de otras especies introduciendo sus huevos a costa incluso de eliminar alguna de las verdaderas crías. Los padres “adoptivos” no solo no echan al intruso si no que se sienten obligados cada vez que ven el pico enormemente abierto a introducir comida dentro. Y así encontramos multitud de ejemplos en la naturaleza que desencadenan respuestas agresivas, de cortejo etc.


El tema de estudio acabó aquí y fué casi inevitable pensar, a parte de “¡Qué interesante!”: "pobres animalicos, que básicos (por no decir tontos) que se dejan engañar así", pero inmediatamente me vino a la cabeza una réplica ¿Acaso no somos los humanos los maestros del engaño y de dejarnos embaucar? Por lo que me puse a pensar en estímulos supernormales que nos pudieran afectar.

Lo primero que me vino a la mente fue la comida, concretamente algunos alimentos poco saludables pero altamente irresistibles, que nos invitan a comer compulsivamente como si no hubiera mañana. Los sabores dulces nos llaman, porque los asociamos con presencia de nutrientes que necesitamos, pero una fruta pocas veces resulta un estímulo tan potente como puede ser un bollo grasiento bañado en chocolate y relleno de crema, tan artificial e inútil como el palito largo y fino que picoteaban las crías de gaviota.


Lo segundo, las tetas de silicona, irresistibles para los amantes del “burro grande, ande o no ande” y que, a juzgar por las portadas de los últimos años, deben ser la mayoría de los lectores de la revista Interviu, por poner un ejemplo.

Cuando se trata de estímulos sexuales encontramos remiendos de todo tipo, pestañas postizas, extensiones, rellenos para el sujetador o para hacer el culo más respingón, incluso ¿Podríamos considerar el rojo intenso del pintalabios o el eyeliner que agranda los ojos como un estímulo supernormal? Estoy segura de que contemplando las fotos de actrices porno con y sin maquillaje encontraremos la respuesta.

Por otro lado, siguiendo con las necesidades, si el ser humano es curioso por naturaleza. ¿No serían las redes sociales un estímulo supernormal de nuestro deseo de saber todo sobre el entorno? Vale quizá ahora ya estoy exagerando un poco, pero buscando más información sobre el tema encontré un post muy interesante en el blog Evolución y Neurociencia que habla de otros ejemplos como la novela romántica o los programas de cotilleo, que me sirven para confirmar todas estas sospechas.

En cualquier caso, las respuestas a estímulos supernormales no son adaptativas en absoluto, queda claro cómo no contribuyen ni a la supervivencia de las crías de gaviota, ni al éxito reproductivo de los pájaros que dejan invadir sus nidos por polluelos de cuco pero ¿Cuánto nos pueden llegar a perjudicar a nosotros? En el tema de la comida es muy evidente, en cuanto al resto ¿Nos dañan de alguna forma? ¿Deberíamos intentar indentificarlas y evitarlas? Tendré que seguirlo pensando...

 Imágenes | Wikimedia Commons | vnysia